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Mié, Ago
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Las personas no siempre dicen lo que piensan, ni hacen lo que dicen y, a muchos, les cuesta utilizar las palabras exactas para expresar lo que sienten, sobre todo cuando se trata de sus hábitos de compra. Muchas veces, los consumidores ni siquiera son conscientes de cómo deciden sus compras debido a la gran cantidad de estímulos a la que están sometidos. De ahí que uno de los principales retos para las empresas sea entender cómo funciona el cerebro de sus clientes. La neurociencia les ayuda a mejorar la eficacia de sus campañas comerciales.

Según la consultora Nielsen, el neuromarketing puede ser la clave para el incremento de las ventas de las empresas, pues un producto bien comunicado que logra tocar la fibra sensible del consumidor puede vender hasta un 23% más que uno convencional que no llega a emocionar.

De este modo, esta ciencia aplicada al marketing puede captar y analizar las reacciones emocionales de los consumidores ante los distintos impactos que recibe, desde un anuncio en televisión a una página web, pasando por el clásico catálogo de productos. Todo ello a través de un casco con múltiples sensores (entre 32 y 64) capaces de capturar datos de hasta 2.000 impulsos cerebrales por segundo, midiendo así las reacciones emocionales ante estos estímulos, lo que permite saber si esa comunicación es eficaz o no.

Este método que recoge el sentir del consumidor se combina con técnicas más convencionales, como el tradicional cuestionario que recoge todo lo que éste dice. Esa suma de mente y voz, de sentir y decir ayuda a obtener información más detallada sobre cómo puede actuar de cara a los productos que ofrecen las compañías.

La neurociencia recoge infinidad de datos de la actividad cerebral del consumidor, pero hay determinadas funciones cerebrales que son útiles a las marcas en la toma de decisiones y que pueden ser obtenidas y analizadas con esta técnica. Son la atención que el consumidor presta al estímulo, el esfuerzo que hace para memorizarlo y la vinculación emocional con el mismo, es decir, si le toca la “fibra sensible”.

Una vez se obtienen los datos de estos tres campos, los expertos traducen en una escala de 1 a 10 los resultados obtenidos, siendo 1 la menor actividad generada por el cerebro y 10, la máxima. De esta manera, las marcas obtienen datos adicionales para evaluar si sus comunicaciones son realmente efectivas y en qué tienen que mejorar.

La aplicación del neuromarketing es 360º, es decir, se pueden analizar todos los puntos de relación y contacto entre marca y consumidor. Este análisis se resume en cinco grandes campos:

  1. La marca, para conocer a qué ideas o atributos se la asocia.
  2. El envase, ya que es el primer encuentro entre producto y consumidor y hay que convertirlo en flechazo.
  3. El producto, que debe como mínimo igualar las expectativas que genera la marca.
  4. La experiencia de compra, que es el punto de encuentro físico entre marca y comprador.
  5. La publicidad, que es el mensaje que expresa la esencia de la marca y el producto.

La neurociencia es una herramienta más con las que cuentan las empresas para mejorar sus estrategias de marketing ya que permite conocer más profundamente las emociones que experimenta el consumidor cuando percibe los estímulos de las campañas comerciales que elaboran las marcas y modificarlas para lograr una mayor eficacia. DIARIOPRACTICO.COM

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