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Mié, Oct
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Cada vez hay más concienciación entre padres y educadores de la importancia de estar atentos ante los primeros signos de obesidad infantil y juvenil. Y es comprensible, si se tiene en cuenta que la obesidad está considerada como la gran epidemia del siglo XXI. El primer paso es ser consciente cuando un hijo tiene un peso elevado, asumirlo y tomar las medidas para solucionarlo.

Sin embargo, esto supone un proceso largo, ya que la visión cambia cuando se trata de un propio hijo y se buscan explicaciones, como que “su padre también era así”, “todavía tiene cuerpo de bebé”, “cuando dé el estirón ya adelgazará”, entre otras.

Según explica el doctor Luis Almagro López, especialista en Nutrición y Dietética, el sobrepeso y la obesidad afectan a uno de cada tres niños en España y, si no se actúa para solucionarlo, se compromete su calidad e incluso su esperanza de vida. Es por ello que existen algunos signos indicativos de que un niño esté empezando a tener sobrepeso que son importantes detectar.

Hay dos momentos cruciales en la vida del niño a los que hay que prestar especial atención para detectar casos de obesidad infantil: 

  • PRIMERA FASE: HACIA LOS 7 AÑOS. Es la época en la que la fisionomía infantil se estabiliza, hay un aumento de la corpulencia que se denomina “rebrote graso”. Este aumento rápido de peso es un signo de alerta que no debe pasar desapercibido, ya que es un predictor de obesidad en la vida adulta. Si un hijo llega a los ocho años y tiene un piso de alrededor de 40 kg, es momento de actuar. Es cierto que antes se podría haber actuado mejor, pero aún se está a tiempo para reconducir ciertos hábitos y tendencias.
  • SEGUNDA FASE: ENTRE LOS 11 Y LOS 14 AÑOS. Es la pubertad, cuando empiezan a aparecer caracteres sexuales secundarios como desarrollo mamario y genital, aparición de vello corporal, cambios en la voz, etc. Esta etapa es preocupante, ya que, si un chico o una chica experimenta estos cambios con un peso elevado, tiene hasta un 80% de probabilidades de tener obesidad en la edad adulta. Aunque es más difícil ayudar a un adolescente y que en gran parte depende de su propia actitud, también es cierto que, cuando se consigue una mejora, esto ayuda a mejorar su autoestima y a impulsar el proceso de maduración de la personalidad.

Una vez detectado el problema, lo primero es tomar medidas para tratar la obesidad. Aunque hay factores genéticos por los que hay una tendencia al peso alto, los factores que realmente determinan el desarrollo de la obesidad son los hábitos de vida. El doctor Almagro destaca tres pilares fundamentales:

  • ACTIVIDAD FÍSICA. Programar sesiones de actividad, física.
  • ALIMENTACIÓN. Planificar comidas y modificar sus raciones. También evitar los aperitivos y picoteos. 
  • ESTILO DE VIDA. Modificar los planes de ocio para potenciar hábitos de vida más saludables, que haga que el niño sea más activo físicamente.

En algunos casos puede que, a pesar de las mejoras, no se acaben de ver los resultados, por lo que se recomienda recurrir a un especialista en Nutrición para proporcionar orientación y soporte que pueden marcar la diferencia. DIARIOPRACTICO.COM

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